Creer y crear

Publicado: 9 enero 2014 en La vida

Las creencias son piezas importantes sobre las que nos sostenemos. Cuando estás de pie, puedes darte cuenta o no, todo un formidable y complejo sistema está en funcionamiento para que te sostengas cómoda y fácilmente. De una manera semejante, en este mismo momento, todo un formidable y complejo sistema está en funcionamiento para que las cosas se mantengan como están. Una parte clave de este sistema son las creencias.

Cuando creemos en algo, actuamos como si fuera cierto. Si creo que lo puedo hacer, lo haré. Si creo que no lo puedo hacer… entonces es el momento de revisar mis creencias. “¿Qué estoy creyendo que me impide hacerlo?”. Esto me conduce a nuevos comportamientos, y entonces es el momento de hacer ajustes para saber si me estoy acercando o si me estoy alejando de lo que quiero.

Algunas creencias están sólidamente establecidas, como la creencia de que el sol saldrá mañana o la creencia de que es útil respirar. Otras, como lo que creemos que cenaremos esta noche o lo que creemos que ocurrirá en los próximos diez minutos. Podría ser esto o podría ser aquello. Lo que distingue unas creencias de otras es el estado que nos proporcionan. Podemos estar seguros… o podemos dudar. Ambos son estados útiles que conducen a las preguntas “¿Cuándo estoy seguro de algo?”, “¿Cuándo dudo de algo?”, “¿Cómo, específicamente, lo hago?”, ¿Cuáles son mis creencias más sólidas?”, “¿Cómo son?”.

Una creencia es como una mesa con cuatro patas. Puedes quitar una pata y la mesa se sigue sosteniendo. Para quitar una segunda pata, deberás poner algo en lugar de la primera pata que quitaste si quieres que la mesa se siga sosteniendo.

Si has creído algo importante para ti durante mucho tiempo, y este suele ser el caso con muchas creencias, habrá una buena cantidad de emoción invertida. No estoy hablando de creencias religiosas o sobre Dios; esas cosas se vuelven muy intensas muy rápidamente. Estoy hablando sobre cosas funcionales que crees sobre ti y sobre el mundo en el que vives. Cuando trabajes con creencias, quieres minimizar la emoción involucrada. Menos emoción, mejores resultados. Piensa y actúa lógicamente y permite que surjan los cortocircuitos naturales en el pensamiento lógico. Eso hace que el sistema se reorganice naturalmente y a su propio ritmo, de una manera suave.

La mente es un sistema vivo. Como tal, evoluciona a lo largo del tiempo. Como parte de ese sistema, las creencias también evolucionan.

Piensa en algo que una vez creíste y que después descubriste que no era cierto. Yo, por ejemplo, cuando era pequeño creía que las islas flotaban. También creí en los reyes magos. Después descubrí que esas cosas eran de otra manera, amplié mi mapa del mundo. Una vez creímos que la tierra era plana o que el sol giraba alrededor ella. Nos equivocamos. Seguirá ocurriendo. Cuenta con ello.

No podemos conocer la realidad última y verdadera, pero podemos crear creencias cada vez más útiles y funcionales, de manera que adaptemos nuestras mentes y nuestros sentidos, cada vez más afinada y armoniosamente, al Universo en que vivimos.

En cuanto a mí, dejé de creer en los reyes magos, pero sigo creyendo en la Magia.

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