Una vida con propósito

Publicado: 23 febrero 2011 en La vida

Hoy me ha surgido una pregunta que quiero compartir con vosotros, ¿como puedo saber lo que quiero?, sé lo que quiero para comer, sé que ropa me gusta, sé que color me agrada, sé que peliculas me gusta ver, que libros me gustan leer, pero por Dios no sé que quiero en la vida o al menos no me lo he preguntado hasta hoy con claridad… y no sé que contestar.

Llevo un año y un mes con este blog y preguntándome cosas como la anterior pero el resultado sólo es otra parte más de un error…no hay nada que un día llegará y nos hará felices. La felicidad es hoy, o no es…

Hace relativamente poco me di cuenta de esta filosofía en la que he corrido media vida. He pasado desde los quince años haciendo lo que me dicen. Primero mis padres, luego mis amigos, luego incluso los desconocidos. Estaba convencido de que lo que la gente decía debía tener algún sentido. Parecían tan seguros cuando articulaban sus palabras. Escuchaba con atención cada una de esas palabras de cada una de las personas que aparecía en mi vida y trataba de encontrarle algún sentido a aquellas frases. Debía de haber un hilo conductor que todo lo uniera. Tardé muchos años, demasiados, en darme cuenta de que, como me explicó mi madre, lo que dice la mayor parte de la gente no tiene ningún sentido.

A lo largo de los años fui trazando aquel extraño camino hecho de frases imperativas de todo aquel que me encontraba. Rara vez tomaba yo mis propias decisiones sin tenerlas en cuenta. La búsqueda de sentido fue constante, y cada vez me sentía peor.

Yo estaba allí, sí, pero mi corazón estaba en siempre en otro sitio. La sensación es la de estar, casi en cualquier ocasión, en el lugar y en el momento equivocado. De estar haciéndolo mal. Tan desagradable me resultaba aquella sensación que con el tiempo no me quedó más remedio que anestesiarla. Tan desoladora me resultaba que tuve que dejar de sentir. Y lo conseguí. No soy yo nadie cuando me propongo algo. Así, con eternas prisas y a mi maltrecha marcha, llegué a tener una vida completa. O al menos eso hubiera pensado cualquiera que me hubiera visto desde fuera…

Imaginaros…ingeniero industrial, trabajando en Alemania en una compañía multinacional, novia guapa, miles de euros entrando en la cuenta corriente todos los meses, alfombra roja y caramelos de colores en el banco… Una fantástica vida completa, salvo por el mínimo detalle de que yo no estaba en aquella foto. No había nada de mí en aquella historia. El cuadro carecía de corazón…

Hasta que rompes con todo…dejas el curro, dejas la novia lo mandas todo a la mierda pero me resultaba obvio que yo no estaba en mi vida, y necesitaba encontrarme…

Hoy, trabajo conmigo mismo, no tengo nada de lo que tuve. Mi vida está en pañales, me quedan cuatro pavos en la cuenta bancaria, apenas tengo un sentido de dirección. Y sin embargo, me importa un comino, porque sé dónde estoy en mi vida. Anoche, cuando me tumbé en la cama, sentí latir mi corazón. Supe que todavía no sabía de dónde venía ni adónde iría, pero supe que estaba allí. Mi casa es ahora cualquier lugar en el que estoy.

Y sigo buscando un propósito a mi vida.

Mucha gente trabaja en cualquier cosa. Raro es aquel que disfruta de lo que hace. Raro es aquel que consigue alinear sus valores con sus emociones con sus talentos y emprende el camino para dejar su impronta en el mundo mientras saborea cada día y se acuesta sabiendo que se podría morir satisfecho esa misma noche. En general un trabajo es una manera de pagar los gastos y llegar a la jubilación, ese lugar en el que uno, por fin, podrá ser feliz. Las malas noticias para todos aquellos que piensan así es que no hay felicidad al final de ese camino. A este paso ni siquiera habrá pensión, aunque esa es otra historia.

Llevo una especie de diario desde principios de año en el que escribo algunas notas y me hago algunas preguntas. Me está resultando muy útil. Hace un par de semanas, abrí el cuaderno, escribí la fecha y, resuelto a encontrar respuestas, escribí:

¿Cuál es el propósito de mi vida?

Algunas respuestas acudieron a mi mente, y ninguna de ellas contenía ni un ápice de emoción. Aunque sigo cada día profundizando en mi interior, todavía estoy muy lejos del centro. Continué escribiendo y haciendo nuevas preguntas. Al final reduje la cuestión a su mínima expresión:

¿Para qué existo?

Tardé un rato en encontrar un par de respuestas satisfactorias. Sin embargo, algo removió aquella pregunta en mi interior y, un par de semanas después, sigo cabalgando sus olas.

No somos unos pocos; somos cada día más. Cada día más y más humanos de mi generación se preguntan qué hacen aquí, a qué han venido. Cuáles son sus pasiones y cómo pueden contribuir al mundo en el que viven mientras disfrutan de su aportación cada día trabajando en algo que tenga sentido para ellos. Y aquellos que todavía no se lo preguntan, estoy seguro de que lo harán en el futuro, cuando lleguen al lugar al que llegué yo.

Si hay algo que padece este mundo es la falta de sentido y de propósito…

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